Los mecanismos concursales como fórmula para atravesar con éxito la crisis económica derivada del Covid-19

La pandemia del coronavirus se está cebando con España. Si ya durante la primera oleada nuestro país fue uno de los más afectados a nivel mundial y esto derivó en un confinamiento muy estricto que forzó a una paralización económica prácticamente total, en esta segunda ola las medidas impuestas parecen, hasta el momento, no dirigirse de manera directa al confinamiento completo, pues eso supondría un golpe económico imposible de superar.

En estos más de ocho meses de pandemia no han faltado medidas por parte del Gobierno para amortizar el golpe a la economía. La aprobación de los ERTE es un claro ejemplo de ello, así como las propuestas acordadas por diferentes ministerios, sindicatos y las patronales de empresas para darle una vuelta de hoja a los mecanismos concursales.

¿Cómo pueden ayudar los procesos concursales a la refinanciación de las pymes?

Las pymes son las empresas más afectadas por la pandemia. Miles de ellas han tenido que echar la persiana por esta situación sobrevenida y otras muchas se encuentran en una situación financiera muy complicada. En esos casos, la refinanciación de la deuda, el preconcurso de acreedores, la transmisión de la unidad productiva o el convenio anticipado son propuestas que pueden ayudar a insuflar un poco de oxígeno y mantener el tejido empresarial productivo, lo que da alas a la economía a nivel micro y macro.

Cleofé García Amorós, abogada y administradora concursal, sostiene que los concursos de acreedores pueden ser una buena herramienta para darle viabilidad a las empresas y que hay que quitarles ese sentido peyorativo que se le asocian.

En concreto, el preconcurso de acreedores es un mecanismo de gran utilidad cuando la empresa está pasando por momentos de insolvencia inminente o actual. Esta fase es la previa al concurso y con ella lo que se busca es renegociar esa deuda y buscar financiación externa.

La principal diferencia entre concurso y preconcurso es que en esta fase previa del preconcurso lo que se produce es un intento de reestructuración de la deuda mediante quita, capitalización o refinanciación. Es un proceso voluntario, pero obligado, para no tener que llegar al concurso. En cualquier caso, en ambas situaciones el objetivo es conservar el patrimonio y evitar el cierre del negocio, explica Igor Ochoa, el consejero delegado de Dipcom Corporate.

El preconcurso puede dar lugar a dos escenarios: uno en el que la situación sea positiva y las negociaciones llegan a buen puerto, de modo que la situación financiera de la empresa vuelva a un mejor estado; o bien que esto no sea así y haya que acudir al concurso de acreedores, que puede ser necesario, forzoso o voluntario, dependiendo de las peculiaridades de cada situación.

En este escenario de pandemia, y debido a las modificaciones normativas acometidas por el Gobierno durante la primavera, que permiten retrasar la declaración de insolvencia para una compañía, los procesos de preconcurso se aceleraron antes del verano, pero ya en septiembre los procesos concursales han crecido en un 55% con respecto al mismo periodo del año anterior, según indica el Colegio de Registradores.

Una paralización de los concursos que tiene como resultado una aceleración de los mismos para 2020

El estado de alarma decretado en marzo redujo la actividad en los juzgados, lo que se tradujo en un menor número de procesos concursales. Además, la aprobación del Real Decreto-ey 16/2020 permitió ampliar los plazos para solicitar un concurso voluntario hasta el 31 de diciembre de 2020.

El Gobierno pretende con estas medidas dar más oportunidades de subsistencia a miles de pymes que encuentran dificultades para resistir con la pandemia, pero la realidad es que la medida no está surtiendo mucho efecto, pues ya en septiembre se han acelerado estos procesos.

No obstante, no hay que desdeñar estas medidas judiciales, pues son procesos encaminados a resolver situaciones de dificultad financiera. Con el preconcurso la empresa dispone de cuatro meses para negociar con proveedores y buscar financiación. Otra opción que se contempla en estos casos es acudir al convenio anticipado con acreedores.

Si no se obtiene el éxito esperado, el siguiente paso es el concurso como tal, que también puede ser voluntario. El objetivo final es resolver situaciones de deuda acumulada sin tener que echar el cierre definitivo a la empresa, aunque ello suponga la intervención judicial.

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